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Transformación digital y experiencia de usuario: la clave de la competitividad en el sector financiero

  • Foto del escritor: Jhon Susa
    Jhon Susa
  • 6 feb
  • 3 Min. de lectura

En el mundo actual, los usuarios ya no basan su lealtad únicamente en la tradición o en el tiempo que llevan con una entidad. Hoy deciden quedarse (o marcharse) en función de las oportunidades y la experiencia que una marca les ofrece. Especialmente en el sector financiero, la experiencia de usuario se ha convertido en un factor determinante para que una persona se vincule, permanezca y recomiende una entidad.

Los usuarios esperan interacciones ágiles, simples y sin fricciones. Cada vez tienen menos disposición a desplazarse físicamente o a realizar procesos largos y engorrosos. Cuando esto ocurre, la frustración se convierte en la primera causa de desistimiento. Aquí es donde la transformación digital se vuelve esencial para garantizar que la experiencia sea satisfactoria y competitiva.


¿Qué significa realmente transformación digital?


Muchas veces se piensa que hablar de transformación digital está únicamente relacionado con tecnología costosa o de implementar proyectos enormes y demorados. Aunque suene paradójico, la transformación digital no trata sobre tecnología.

La transformación digital es, sobre todo, una estrategia centrada en las personas. Se trata de contar con procesos, herramientas y modelos que respondan a las expectativas de los usuarios, que faciliten el trabajo de los colaboradores y que generen valor sostenible para la organización.

En otras palabras: no se trata de tener “el software más grande o más costoso”, sino de tener el sistema que mejor se adapte a las necesidades reales (actuales y proyectadas) de quienes forman parte de la entidad, tanto clientes como equipos internos.

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Transformación digital y experiencia de usuario: una relación inseparable


A mayor conocimiento del asociado, mayor capacidad de anticiparse a sus necesidades. Esto no se trata solo de acumular datos, sino de convertir esa información en acciones concretas.

Pensemos en un caso simple: si la cooperativa sabe que un asociado tiene hijos en edad escolar, puede ofrecerle un crédito educativo en el momento oportuno, justo antes del inicio del año escolar. Incluso, puede ir más allá y crear convenios con tiendas o papelerías para ofrecer productos con financiación pre-aprobada, sin que el asociado tenga que pedirlo.

Este tipo de acciones no sólo fortalecen el vínculo con el asociado, sino que generan lealtad, reconocimiento y mayor uso de los servicios de la cooperativa.


Metodologías que pueden marcar la diferencia


Si una entidad quiere destacarse, puede recurrir a metodologías como:

  • Design Thinking: Permite entender a profundidad las necesidades del usuario y diseñar soluciones innovadoras.

  • User Experience (UX): Se enfoca en mejorar cada interacción para que sea intuitiva y satisfactoria.

  • Human-Centric Design: Pone a las personas en el centro, asegurando que los procesos se adapten a ellas y no al revés.

Estas metodologías no son teorías abstractas: son guías prácticas para construir experiencias que generan confianza y fidelidad.


Cinco claves para mejorar la competitividad

Para avanzar en la transformación digital y fortalecer la experiencia de usuario, existen cinco aspectos fundamentales:

  1. Experiencia digital completa: Los usuarios esperan que la experiencia sea sencilla y sin interrupciones. Un estudio reciente muestra que solo el 44 % de los clientes de banca en línea y el 34 % de los clientes de banca móvil consideran fácil de usar el servicio. Este dato revela la urgencia de mejorar.

  2. Autoservicio ágil y efectivo: El autoservicio no es solo un ahorro de tiempo para la entidad: es darle al usuario la libertad de resolver procesos por sí mismo, de manera rápida y confiable.

  3. Experiencias omnicanal seguras: El asociado quiere pasar del celular al computador o a una sucursal sin sentir diferencias en la experiencia. La integración omnicanal es vital para mantener la coherencia y la confianza.

  4. Seguridad y confianza: Ninguna experiencia positiva será suficiente si el usuario percibe riesgo. La protección de datos y la transparencia en cada operación deben ser una prioridad.

  5. Personalización: No todos los usuarios esperan lo mismo. Conocer sus hábitos y necesidades permite diseñar ofertas y procesos ajustados a cada perfil, fortaleciendo la relación a largo plazo.

Conclusión

La transformación digital no es un lujo, una moda o un proyecto a futuro: es una necesidad presente para competir en un mercado financiero donde los usuarios comparan, deciden y cambian con facilidad.

Invertir en la experiencia de usuario significa invertir en lealtad, sostenibilidad y crecimiento. Y la pregunta clave es: ¿está tu entidad lista para dar el paso hacia una transformación digital centrada en las personas?






 
 
 

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