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  • Foto del escritorEdgar Acero

CÓMO ESTIMULAR Y CULTIVAR LA INNOVACIÓN.

En el anterior blog, llegamos hasta definir que es la innovación y ahora vamos a ver CÓMO ESTIMULAR Y CULTIVAR LA INNOVACIÓN.


Hoy en día no es necesario convencer a nadie sobre la importancia de la innovación. La mayoría de los gerentes de las cooperativas comprenden que en un mundo donde el cambio es constante y cada día más veloz, la entidad que deje de innovar se quedará atrás de sus competidores.

Adicionalmente, la crisis económica ocasionada por la pandemia que estamos viviendo nos ha hecho evidenciar lo importante que es innovar para asegurar la supervivencia de nuestras cooperativas. Sin embargo, a pesar que la mayoría de sus gerentes y directivos reconoce que la innovación es algo importante, muy pocos saben cómo ponerla en práctica y otros ni siquiera la tienen dentro de sus prioridades.


El reto actual es como innovar más rápido y de forma organizada soportando cuando sea necesario este proceso con tecnología. Pero el problema es que no existe una cultura de innovación sistémica corporativa sino que en la mayoría de casos, la innovación es fruto del azar o de los impulsos de algunas personas de la entidad como puede ser el caso de un gerente, un directivo o de un empleado con visión y si estas personas dejan de trabajar o de pertenecer a la cooperativa, la innovación se va con ellos.


Sin embargo, hay algunas cooperativas en nuestro país que si han tomado la innovación como un proceso crítico de negocios, al igual que la colocación de créditos, la captación de recursos, o la salud de la cartera y que consideran que este proceso también debe ser planeado, presupuestado, financiado, gestionado y medido.


Aquí vamos a plasmar algunas pautas para que las cooperativas puedan generar una cultura de innovación sistémica y corporativa.


Alinear la innovación con la estrategia de la cooperativa

Lanzarse a innovar sin tener una visión clara de cómo la innovación va a ayudar a mejorar su ventaja competitiva, hará que todos estos esfuerzos sean vistos por las personas de la cooperativa como algo pasajero (la locura del gerente o la de algún directivo) que no va a terminar en nada. Para que realmente sea efectiva, la innovación debe alinearse con los objetivos estratégicos de la cooperativa. No se trata de innovar por innovar, si no de innovar para mejorar la experiencia del asociado, facilitarle el acceso a los productos y servicios de la cooperativa bajo la nueva normalidad, aumentar la colocación, o la captación, o reducir la morosidad de la cartera o los costos de la entidad. Es decir para mejorar la rentabilidad.

Antes de iniciar un proceso de innovación se debe definir muy concreta y operativamente qué va a significar la innovación para la cooperativa. También es importante definir cuántos recursos está la cooperativa dispuesta a invertir en innovación (presupuesto de innovación) y calcular cuál puede ser el retorno de esa inversión que esperamos obtener.


Obtener el compromiso de la alta dirección

Como cualquier cambio que se quiera realizar en cualquier entidad, sino tiene el compromiso de la alta dirección no va a funcionar. Hay una gran probabilidad de éxito en los programas de innovación que son iniciados y apoyados por los directivos y una alta probabilidad de fracaso en aquellos que son impulsados únicamente por un área funcional. Si la alta dirección no cree en la innovación, esa actitud va a permear a toda la organización. Al final, la pasión por la innovación es algo que no se puede simular. O se tiene o no se tiene. O la innovación está en sus prioridades o no la está.

Algo que puede servir de acicate para que se tome en serio la innovación como una estrategia corporativa y vital para la supervivencia de las cooperativas es que se incluya como uno de los criterios de evaluación del desempeño de todos los involucrados en su implementación y que afecte también su remuneración. Cuando esto sucede, inmediatamente todo el mundo le empieza a prestar atención a la innovación.


Desarrollar un plan de comunicación, capacitación e incentivos

Una vez que tenemos claro el enfoque que queremos darle a la innovación en la cooperativa y que contamos con el compromiso y el apoyo del equipo directivo, es necesario comunicarle nuestros planes al resto de la organización. Los colaboradores necesitan saber por qué es importante la innovación y qué se espera de ellos para que el programa de innovación de la cooperativa sea exitoso. Durante esas reuniones de difusión, siempre van a aparecer quienes digan: “yo quiero innovar, pero no sé cómo hacerlo” y otros que preguntarán “¿Qué gano yo si le doy una buena idea a la cooperativa?”

Es por esto que es muy importante capacitar a la gente en innovación y creatividad y ofrecerle incentivos económicos o de bienestar para que estén motivados a innovar.

La capacitación incluye explicarles en qué consiste la innovación, cuál es la diferencia entre creatividad e innovación (creatividad es tener buenas ideas, innovación es hacerlas realidad y que generen valor para la entidad), cuál es el proceso que se debe seguir para innovar y cómo se pueden identificar oportunidades de innovación, entre otros. También hay que darle a la gente herramientas prácticas para que puedan innovar en su trabajo diario, organizadas alrededor de las etapas básicas del proceso de innovación (búsqueda de oportunidades, generación de ideas, evaluación de ideas, desarrollo de ideas e implementación de innovaciones).

Para que la gente se motive realmente a innovar debe conocer qué beneficios existen para las personas que aporten ideas en el programa de innovación de la cooperativa que apoye la estrategia de innovación. Contrario a lo que se piensa, el dinero no necesariamente es la mejor recompensa para los innovadores. Las personas muchas veces valoran más el reconocimiento y la posibilidad de hacer el trabajo que más les gusta.


Definir la estructura y los roles para apoyar la innovación

Con el personal capacitado y motivado para participar en el programa de innovación, es necesario definir una estructura, que apoye los esfuerzos de innovación. Esta estructura debe encargarse de que las ideas no se pierdan y entren al banco de innovación de la empresa. Debe haber alguien que se encargue de coordinar la innovación en la empresa y debe haber líderes que dependan de esta coordinador en cada área de la cooperativa que dediquen un porcentaje de su tiempo a estimular la generación de ideas y ayudar a implementar los proyectos de innovación. Estos líderes deben apoyar a las personas que tengan una idea para darle forma y presentarla en el banco de gestión de ideas de la cooperativa. Sin esta estructura será muy difícil que la innovación se vuelva parte de la organización y, por lo tanto, se seguirán perdiendo ideas al interior de la cooperativa.


Crear un proceso para administrar las ideas

Al igual que existen procesos en las cooperativas para apoyar las gestiones de crédito, cartera, ahorros de los proveedores o del recurso humano, también debe existir un proceso formal para administrar las ideas. Todas las personas deben saber a dónde comunicarse cuando se les ocurre una nueva idea. El proceso de gestión de ideas debe permitir que cualquier persona de la cooperativa pueda aportar ideas, independientemente de su nivel o lugar dentro de la organización. Lo único que usted tiene que tener cuidado es no burocratizar demasiado el proceso. Si para proponer una idea los colaboradores tienen que llenar formularios o plantillas usted acabará matando la innovación. El proceso de innovación debe ser simple y mantener un balance entre la libertad y la disciplina.

El objetivo del proceso de gestión de ideas de la empresa debe ser reducir el tiempo que existe entre el momento en que a alguien se le ocurre una buena idea y esta se implementa para convertirse en dinero, ya sea a través de mejoras en los procesos o de nuevos productos o servicios que se lancen al mercado.


Definir el proceso de evaluación de las ideas

Normalmente lo que le hace falta en las cooperativas para empezar a innovar no son buenas ideas, sino un proceso que les permita capturar y evaluar las ideas y seleccionar cuáles implementar con los escasos recursos que se tienen. En muchas de nuestras entidades lo que sobra es creatividad. El problema es que no sabemos qué hacer con tantas ideas. Es por esto que es muy importante definir cuáles son los criterios mediante los cuales se van a evaluar las ideas, quiénes son las personas que van a evaluar las ideas y cómo se van a tomar las decisiones para seleccionar las mejores ideas. Debemos dejar de ser innovadores asintomáticos dejando claro a los colaboradores de la cooperativa que no todas las ideas que ellos propongan se podrán implementar y que esto no los debe desaminar pues es normal que solo un porcentaje muy bajo de las ideas se convierte en verdaderas innovaciones, mientras que el resto irá al basurero o a la cesta de las ideas que se deben de incubar porque su momento no les ha llegado.


Fomente una cultura de innovación

Aunque se cuente con el mejor proceso de innovación del mundo, este no funcionará si la cooperativa no desarrolla una cultura de innovación que lo apoye. Porque al final, las entidades no son las que innovan, las que innovan son las personas y la innovación, por su naturaleza, implica enfrentarse a lo desconocido, lo cual tiene un riesgo implícito. Si la cooperativa no cuenta con una cultura que fomente el emprendimiento, la experimentación y el correr riesgos inteligentes, sus colaboradores nunca harán nada muy innovador por el temor a ser castigados sí cometen algún error. En aquellas entidades que penalizan el fracaso, las personas prefieren seguir haciendo siempre lo mismo, en vez de intentar hacer cosas diferentes.

En este sentido, innovar es de valientes, ya que se requiere un enorme valor para pensar y actuar diferente o como seguramente muchas veces habrán escuchado “salirse de la caja” dentro de las organizaciones. Sin embargo, existe una gran recompensa para los que se atreven a llevar sus ideas al otro extremo de la cuerda y convertirlas en innovaciones. Por esto la pasión y la perseverancia son dos de los elementos fundamentales en cualquier cultura de innovación.


Definir métricas de innovación

Si al final del día la innovación no hace sonar la caja registradora y no podemos llevarla al banco, entonces no estamos innovando. Es por esto que es muy importante definir métricas que permitan evaluar si los esfuerzos de innovación están dando resultados. Uno puede definir métricas en entrada, de proceso y de salida. Por ejemplo, como métricas de entrada uno puede definir el porcentaje de colaboradores que se ha capacitado en innovación o el número de asociados que se han encuestado para detectar oportunidades de innovación. Como métricas de proceso, uno puede medir el número de ideas generadas por empleado por año o el tiempo promedio que lleva evaluar una idea. Finalmente, como métricas de salida uno puede medir el porcentaje de ideas implementadas, los ingresos que produce cada una de ellas, la mejora en los indicadores de satisfacción del asociado, o los bajos números de retiros de asociados. Hay muchas más métricas que pueden usarse para evaluar sus esfuerzos de innovación, lo importante es que le brinden información relevante para mejorar el desempeño de su estrategia de innovación.


Conclusión

Debemos dejar de pensar que la innovación es algo misterioso, abstracto y difícil de implementar. Ya existen los procesos, las herramientas y muchas experiencias documentadas que pueden ayudar a las cooperativas para innovar sistemáticamente y hacer de la innovación parte del trabajo de cada uno de sus colaboradores.


Lo único que hay que tener para innovar es el valor para tomar la decisión de ponerla en práctica.

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